lunes, 12 de diciembre de 2011

Sótano

Si aprieta el gatillo todo habrá acabado. Es el pensamiento que se repite una y otra vez mientras la oscuridad le rodea y le embarga. Su cara refleja a la perfección el sentimiento de apatía por la vida que se ha apoderado de su mente, su mirada fijada en el vacío parece no tener absolutamente nada detrás, alguien que lo hubiese visto desde fuera habría afirmado que se trataba de un cadáver. Salvo por un pequeño detalle: la Colt 45 que sostiene con firmeza contra su sien. Es un buen arma, y sin duda, está capacitada para cumplir su propósito. Con sumo cuidado, desactiva el seguro, que cede con un leve chasquido. No es una acción espontánea, fruto de la irreflexividad, la acción que está a punto de cometer ha sido sometida a una larga y dolorosa premeditación. Se permite torcer las facciones en un gesto de amargura irónica al caer en la cuenta de que está tardando mucho en pasar por delante de sus ojos la película de su vida en formato súper 8, como todo el mundo dice. "En realidad sería una película muy aburrida", se dice para sus adentros. Mira a su alrededor. El sótano de su casa es un completo desastre, pero consigue distinguir varios objetos que le evocan vagos recuerdos. Todo eso quedó atrás. Lo ha perdido todo. Mira hacia el techo. De él pende una pequeña lamparilla vieja que parece a punto de ceder y caer al suelo, haciéndose pedazos. Es la única luz que ilumina la estancia. Dispara contra ella. No hacía ningún bien al conjunto de la belleza entrópica de su precioso sótano. Libera una sonora carcajada, pero de felicidad tiene más bien poco, con ella hubiera sido capaz de erizar el vello del psicópata más despiadado. Es el reflejo de la locura que poco a poco ocupa la totalidad de su mente. Esa misma locura es la que le hace levantar de nuevo el brazo y volver a posicionar el arma sobre su sien. Se vuelve a escuchar el "click" del seguro por segunda vez. "No estoy loco" se dice. "Es la única salida. No me queda otra". Un estruendo ensordecedor invade la estancia en penumbra. Después silencio. Y paz.

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