martes, 17 de enero de 2012

Provechoso día

Creo que a partir de ahora, si no en todas las entradas, en muchas pondré al principio una frase que me mole. Ahí va la de hoy:

                Que armarse de valor es el mejor escudo para hacerse fuerte.

Despierto sobresaltado con el ruido de un portazo. Miro a mi alrededor aún desconcertado y con los ojos anegados en legañas. Empiezo a situarme, pero tardo unos segundos en darme cuenta de que estoy en mi cama, en mi habitación, en mi casa. Unos pocos segundos más transcurridos me bastan para caer en la cuenta de que me encuentro solo, la casa está vacía a excepción de mi persona, por lo que el portazo ha debido ser fortuito, seguramente provocado por la corriente de viento, ya que las ventanas de la habitación están abiertas de par en par. ¿Qué carajo hacen las ventanas abiertas en pleno mes de febrero? Estoy tiritando. Me apresuro a cerrarlas. Todos los habitantes de la vivienda tenían hoy cosas que hacer, e iban a estar fuera todo el día. Todos menos yo. ¿Qué hora era? Miro el reloj. Marca las 12:32. Parece que me he pasado un rato más de la cuenta entre los brazos de Morfeo. Me visto sin ser aún muy consciente de mis actos. La casa es grande, y la quietud y el silencio provocados por la ausencia de personas me producen escalofríos. Otro portazo al final del pasillo provoca que el corazón me dé un vuelco. Decido cómo aprovechar mi tiempo mientras me tomo un café con rosquillas y miro fijamente a la pared de la cocina con una expresión vacía en el rostro. Me doy cuenta de mi ensimismamiento y salgo de él. Debería hacer algo provechoso, pero ¿qué? Me rasco la cabeza pensativo y miro al fondo de la taza de café. Es increíble lo bien que refleja. Debería afeitarme, la barba empieza a ser impresentable. Se me ocurre una idea: saldré a la calle y cogeré el primer autobús que vea, de la línea que sea, y veremos dónde me lleva. Seguro que podría salir algo interesante de ese “viaje”. La sola idea de tener que bajar a la calle produce en mí una pereza inmensa. Optaría por encender la televisión, pero la basura que echan cada vez es más despreciable y tengo un cierto aprecio a mis neuronas como para asesinarlas a todas de un plumazo. Decido que lo mejor que puedo hacer en este momento es asomarme a la ventana para pensar. Eso siempre me relaja mucho, es una de mis actividades caseras favoritas. Me asomo y respiro un gélido aire invernal que inunda mis pulmones y me llena de vida. Es una muy buena sensación. Sin embargo, hace más frío del que yo creía para pasar ahí demasiado rato, así que después de disfrutar durante un breve periodo de la brisa externa, me vuelvo a enclaustrar en mi jaula de paredes de gotelé. Cada vez tengo menos ideas sobre lo que hacer con mi vida en este día que parece pensado para ser desperdiciado, hora tras hora, minuto tras minuto, segundo tras segundo. Hace ya una hora que me levanté y sigo sin saber qué hacer. No llegará nadie a casa hasta ya entrada la tarde. Me desvisto y me vuelvo a meter en la cama con una sonrisa dibujada en los labios.

2 comentarios:

  1. Haz manualidades, lee, pasea por algún sitio donde no haya nadie, báñate...

    Hay muchas cosas ke hacer un día ke estás solo en casa!

    PD: este tambien me gusta mucho :)

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  2. Jajajaja gracias por los consejos. No, en realidad si hablase de mí, no pasaría esto, quemaría la play 3 seguramente jajaja pero eso no quedaba demasiado bonito XD.
    Muchas gracias!! :)

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