Pasar página. Esa expresión tan utilizada que poca gente es capaz de llevar a la práctica. La vida te enseña a base de varapalos, algunos muy duros, que ilusionarte solo sirve para acabar haciéndote daño y sufriendo. Por otro lado, vistos de forma positiva, estos varapalos sirven para hacerte crecer y madurar como persona. Te hacen fuerte. De todo hay que sacar lo bueno. Paso página y pongo fin a un capítulo de mi vida que en gran parte ha sido para olvidar. Demasiados años, perdido en este mundo. Esta última etapa ha sido especialmente bella y agónica al mismo tiempo. Siempre quedarán los buenos recuerdos que, aunque ahora recientes, punzantes y dolorosos, en un futuro serán algo digno de conservar en la memoria, y no podré evitar esbozar una sonrisa. Esa sonrisa que tanto te gustaba. Dicho esto, comienza la etapa de mi vida en la que, como te prometí a ti y sobre todo a mí mismo, toca ser feliz, aunque sea sin ti…
Habré de buscar un nuevo pilar en el que sostenerme para no caer, aunque sea imposible reemplazarte. Supongo que a pesar de todo, agradezco mucho que te hayas cruzado en mi camino. Me has guiado hacia este fin de etapa, hacia el inicio de una nueva forma de vivir, has sido un punto de inflexión en mi vida y jamás te olvidaré. Siempre te querré. Me has aportado mucho en muchos aspectos. Llenaste mi existencia con tu llegada y la vaciaste con tu marcha, y aún no sé cómo voy a llenar ese enorme vacío, ya que lo has significado todo para mí. Pero ahora cada cual seguirá su camino, por separado, y espero que el que tú has elegido te lleve a la felicidad. Adiós y…
Que te vaya bien.
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