And if you go, I wanna
go with you. And if you die, I wanna die with you. Take your hand and walk away.
Vuelta a caer. Vuelta a los oscuros abismos del averno. Dos
meses. Dos meses tratando de enmendar esta tragicomedia que es mi existencia.
Dos meses tratando de hallar la positividad donde no la hay, tratando de buscar
la felicidad con ahínco. Para nada. Al final, todo vuelve a los orígenes, y por
más que me empeñe en adornarlo todo con simbolismos idílicos, tan solo se trata de un inocente espejismo infantil. Un burdo autoengaño a sabiendas de que
este modo de vida es enfermizo, para tratar de darle un giro revelador, un
intento de nadar a contracorriente para tratar de huir de las temibles garras
del destino. Un soplo de aire fresco que me devolviese la fe en mí mismo. Pero
al final, nadie puede escapar a su naturaleza. Al final, todo es tan inestable
como un delicioso soufflé, todo es tan frágil como un fino y delicado cristal.
Basta un levísimo roce para desmoronar todo cuanto habías estado construyendo,
haciéndolo añicos, rompiéndolo en mil pedazos ante tu impotente y desesperada mirada.
Todo a tu alrededor parece carecer de sentido. Pierdes la conexión con el mundo y la
realidad, la soledad te atrapa en su siniestra red. Cuando pierdes la base
sobre la que estabas edificando, ¿qué puedes esperar? Cuando ves que te
derrumbas y que no te puedes aferrar a nada, ¿qué te queda, salvo hundirte?
Cuando la luz que guiaba tus pasos hacia la salvación se ha extinguido, ¿cómo
evitar perderte en las sombras? Cuando ya nadie puede ayudarte…
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