jueves, 7 de febrero de 2013

220 days loving Nightmares

You should have known the price of evil.

Este es un escrito al dolor. Ese dolor tan intenso que solo es concebible en las peores pesadillas. Dolor del alma que desgarra cada resquicio del cuerpo y late enfurecido.

No sé qué tendrán las noches del 6 al 7 en meses invernales, por algún motivo son siempre fatídicas. 220 días desde aquel primer encuentro con ese simpático ser felino, que invadiría mi mundo, en el que se quedaría para siempre. Cerca de dos terceras partes de un año cargado de demasiadas emociones. Tantos momentos inolvidables que quedan empañados por un triste y desgarrador final. Y es que es muy duro ver cómo una persona que te cambia la vida, alguien que sin planearlo pasa a significarlo absolutamente todo para ti, un buen día desaparece para siempre. No creo que sea algo a lo que un ser humano pueda terminarse acostumbrando. Fragmentar el alma de esa manera debería estar prohibido. Nunca jamás habrá manera de llenar ese vacío. Seré un cadáver andante, errante por el mundo de los vivos. Lo seré hasta que dejes de dolerme, y lo cierto es que no sé cuánto tiempo de ese "siempre" tardará en suceder eso. Me resulta imposible concebir que todo quede en un precioso pero perdido capítulo en mi vida. Algo de luz entre la oscuridad de los insondables registros de un deprimente pasado. Algo que recordaré como un maravilloso sueño del que, como en el caso de todos los sueños, era inevitable despertar en algún momento. Una despedida que sabe a muerte, un dolor indescriptible que nunca terminará de cicatrizar.

                Guárdame en tu corazón y que no se te olvide que he muerto al perderte, porque tú eras mi vida.

  
Los mayas anunciaron que el fin del mundo debía llegar cuando el pasado año estuviese a punto de expirar. Quizás el mundo como globo terráqueo sigue girando, y la vida de millones de personas se ha mantenido inmutable. Pero lo cierto es que fue entonces cuando mi mundo, el nuevo mundo que estaba forjando sobre un cimiento que creía sólido, comenzó a desmoronarse. Ruinas de lo que prometía ser un esperanzador futuro se alzan ante mí, mientras observo impotente la escena. Tenues lagunas redondeadas, disfrazadas de dolor, agonía, sufrimiento y frustración, resbalan danzarinas por las laderas de mis mejillas, creando un cristalino charco al derramarse grácilmente. Mis enrojecidos ojos, aun al borde de la sequía, no cesan de emanar tristeza en forma de cálidos aguaceros salados. Los dulces recuerdos se tornan en amargos puñales que atraviesan sin piedad mi maltrecho corazón.

Tengo la sensación de que el tiempo se detiene. Nada importa ya, todo lo demás se me antoja completamente superfluo y trivial. El sueño se ha tornado en pesadilla, y lo peor de todo, es que aunque sea doloroso en extremo, en esta fría despedida me aferro a esa pesadilla, la amo, ya que es lo único que me queda, y mi única fuente de vida. Esta puta pesadilla.



“Si las puertas de la percepción se
purificaran todo se le aparecería al hombre
como es, infinito”.
WILLIAM BLAKE
  
El residuo crítico y filosófico
de lo extraordinario
es lo único que me queda.

No es ningún secreto
que no sé cómo ser solo,
sólo sé cómo estarlo.


Se fueron tus rasgos,
se fue tu sonido,
se fueron las metáforas,
se fueron tus poemas,
se fue tu arte,
se fueron los sentimientos
y algún día se irán los recuerdos
y los olvidos.

El eterno círculo
que no es más que el poliedro infinito
vestido de curvas
vuelve a abrir su trayectoria
erróneamente
y a cerrarla
para dejarme ver un segundo
del único anhelo que he tenido.

La única vez que no he estado solo.

Me niego a que te vayas,
me niego a que te vayas
porque el amor,
el instinto que me hace ser hombre
me dice que sin buscarte
no existo más que en mi espejo
y soy solo.

Vete,
pero seguiré tus huellas
como siempre he hecho
quedándome crítica, filosófica, residualmente
contigo.
Alberto Becerro González

1 comentario:

  1. Curiosamente, yo también usé la canción Crying Lighting para hacer ese poema. La entrada es tan amarga que congela la sangre. Das otra visión del poema distinta a la que yo imaginé en un principio, pero válida, bella y decadente que al fin y al cabo fue mi intención cuando lo escribí. Dejará de doler, el viento es un buen aliado...

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