La concepción clásica del mundo estipula que existen cuatro elementos: agua, fuego, tierra y viento. Después de reflexionarlo creo que he decidido que mi favorito es el viento. Parece una reflexión un tanto infantil pero nada más lejos de la realidad. Antes solía pensar que era el fuego el que provocaba en mí una mayor admiración. Es curioso, pero las cosas más destructivas son las que más suelen llamar nuestra atención supongo que es porque nos impactan más. En realidad, los cuatro elementos tienen una faceta destructiva, pero quizás la del fuego sea la más “vistosa”. El viento también puede ser destructivo a su manera, provoca tornados, ciclones y huracanes que arrasan con todo lo que encuentran a su paso. Estos fenómenos son provocados porque el viento alcanza una velocidad extrema. Creo que el sueño de todo corredor es alcanzar la velocidad del viento. Es decir, alcanzar lo inalcanzable, superar lo insuperable y batir lo imbatible. Cuando uno corre, en parte, huye de los problemas, los deja atrás, parece decirles: "sí, sé que estáis ahí, pero por este momento, no vais a alcanzarme", te dejas llevar, y sientes que vuelas. En serio, cuando estoy deprimido o muy agobiado por lo que sea, salgo a correr, y por un momento me olvido de todo, salvo de mi respiración entrecortada, de la música que llega a mis oídos desde los auriculares, de la sincronización de mis piernas, y del viento que golpea mi cara desordenándome en sobremanera todo el pelo, pero me encanta. Y realmente es la única forma de dejar a un lado esas malas sensaciones, me siento libre por un rato que dura aproximadamente una hora, supongo que es el tiempo que tardan los problemas en volver a alcanzarme y ceñirse a mi pecho con ahínco, volviendo a generar angustia, aprensión y desasosiego en mi persona. Pero por ese lapso de una hora, las endorfinas recorren todo mi cuerpo y hacen que me sienta pleno y feliz. Carreras como la de hoy me hacen pensar que el viento me odia, que sopla en mi contra para obligarme a rendirme, a dejarlo, a no seguir adelante, a pensar que debo dejar de correr. Pero he de recordar que mi objetivo es el de superar al viento. Así que agarraré mis Nike, saldré a la calle, y desafiaré al viento una vez más, y al final conseguiré que se convierta en mi aliado y me ayude a alcanzar metas con las que jamás llegué a soñar. Adoro el viento.

mmm, este me ha gustao mucho
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